Este libro de poemas de Laura Devetach fue publicado por La Gran Nilson recién (abril de 2025), con edición de Alejandra Correa.

 
 

Ayer estuve hablando en la presentación del libro, que se hizo en la Feria del Libro de Buenos Aires, compartiendo mesa con Laura Roldán Devetach y con Cecilia Bajour, además de la propia Laura Devetach, que estuvo presente y hacia el final tomó la palabra y respondió preguntas y homenajes del público; fue un evento muy cálido y emotivo. Aquí reproduzco solo unos poquitos de los 30 poemas que integran el libro, y a continuación incluyo lo que yo dije en la presentación.

 
 

Solo agregaré que este es un gran libro de Laura, y lo recomiendo con fervor.

 

 

 

1

 

Ella creía que la hora del lobo

 

era un momento del día.

 

Ella creía que la hora del lobo

 

se espantaba

 

con mate amargo

 

oliendo jazmines

 

dibujando monigotes flacos

 

sobre vidrios empañados.

 

Ella creía puras mentiras.

 

 

 

4

 

Se relame en silencio

 

como dibujado sobre un papel.

 

Ella oye el chasquido de la lengua

 

en tan tensa quietud.

 

Siente en su propia boca el sabor de su cuerpo

 

el que siente el lobo en su lengua

 

todavía vacía.

 

 

 

8

 

Sobre el espejo

 

escribió

 

yo, lobo.

 

Pudo ver su rostro

 

sonriéndose

 

con aire de narciso.

 

 

 

18

 

Poco antes de la hora

 

el lobo la espía.

 

Ella pone tomates secos en remojo

 

mientras

 

riega las plantas

 

enciende algunas velas

 

hace sonar la música

 

vigila la casa.

 

Ella trabaja

 

para que mientras todo se enloba

 

haya cosas haciendo luz

 

haciendo sabores

 

haciéndose.

 

Los mientras

 

fronteras

 

las rejas para el lobo.

 

25

 

Ella tejió caminos, ciudades

 

días y días

 

con veinte poemas de amor

 

con una canción desesperada

 

con golpes tan fuertes

 

yo no sé

 

como del odio de Dios

 

con lobizones

 

el retumbar de las murgas

 

las gotas del mandolín

 

mil y una noches

 

de papeles

 

van van van

 

mil y una noches.

 

 

 

Estar en esta mesa, en esta feria del libro, presentando con gente amiga y admirada este hermoso libro de poesía es un privilegio para mí, y un orgullo, y me da un poquito de miedo también. Pero el verdadero privilegio, la gran alegría es poder ser lector de Laura Devetach, poder leer toda su obra, esos cuentos, esos poemas que creó y rondarlos una y otra vez, como un lobo.

 
 

Hay una película de Ingmar Bergman que se titula La hora del lobo, y allí ese nombre remite a las horas más oscuras de la noche, cuando muere más gente, cuando hay más nacimientos: las horas de la desesperación en las que aparecen los fantasmas y no se puede ni prever un futuro de luz. Pero esa hora no es esta hora de este lobo, como se aclara en el primer poema del libro. Este lobo empieza su acechanza a plena luz del día y cuando llega la noche ovilla y desovilla el círculo de la luna con una obsesión que tiene mucho de erotismo, a la vez que de una ominosa sensación de peligro inminente.

 
 

Por eso este libro, El lobo y su hora, tiene al Lobo como un personaje principal; pero no es cualquier lobo, no es un lobo-lobo, un cánido como el de Colmillo Blanco, que caza en manada y responde únicamente a sus instintos y desarrolla una fidelidad férrea hacia quien considera su amo; este es un lobo solitario, astuto, peligroso, varonil, seductor, atractivo como Clark Gable en Lo que el viento se llevó, que no dice muchas palabras pero puede tener una mirada elocuente y una dentadura filosa y amenazante para respaldarla… En fin: es el Lobo de los cuentos de hadas, el villano del cuento de los tres chanchitos y, especialmente, el de “Caperucita Roja”.

 
 

Pero el Lobo, por más que aparece en la tapa y en el título, no es el protagonista de estos poemas; la verdadera protagonista del libro es, por supuesto, ella, la poeta, esa voz poética que es como una Caperucita adulta que sobrevivió, que vivió y aprendió que no puede evitar el acecho del Lobo, pero sí puede decidir no ser una presa. Que el Lobo puede verla y relamerse, pero ella nunca será solo comida. Que al remojar los tomates secos o regar las plantas está perfeccionando el acecho, está haciendo nacer desde dentro una nueva forma de cacería más sutil y por eso mismo más efectiva; ella desenrolla su voz en versos que van de Neruda a Vallejo, de lo eterno a lo cotidiano, de los días iguales a las mil y una noches, y van van van. En esa trampa-poesía que ella construye el Lobo es acechado y perseguido y rondado y enlobado sin siquiera darse cuenta de que esa presa hace mucho se convirtió en su predadora. “Yo, lobo”, escribe ella en el espejo y sonríe porque sabe que es cierto, que al asumir para ella a ese Lobo y hacerlo parte de su vida, al dialogar con él (sea lo que sea que signifique dialogar con un lobo feroz), al intentar traspasar sus barreras de silencio y sus disfraces de tristeza, está rebelándose también contra ese final del cuento en el que debe ser rescatada por un leñador (otro disfraz del mismo lobo), y le da al viejo cuento un final más satisfactorio y también más realista, en el que ella misma toma las riendas de su destino y ya no está sola, no está desamparada, no es víctima pero tampoco enemiga del Lobo, sino que esa mutua acechanza los unió en una relación compleja y difícil de explicar (pero por eso mismo muy humana) donde conviven el deseo, el miedo, la pena, el amor en sus diferentes colores y ropajes y en su íntima desnudez, y por la cual ahora estarán siempre juntos, aunque él se vaya en otras acechanzas. Ella ya no es (solo) esa niña desamparada, el lobo ya no es (solo) una fiera salvaje e inescrupulosa. Ahora son mucho más. Y me pregunto si el Lobo se dará cuenta a tiempo de que cuando ella menciona “la hora del lobo” lo que en realidad quiso decir es que, por fin, al lobo le llegó su hora.

 

 
No quiero extenderme mucho, así que solo reafirmaré que este es un libro hermoso y profundo, con una edición bellísima de Ale Correa para La Gran Nilson; que siento una gran alegría lectora por poder leer este nuevo libro de poesía para adultos (para re adultos) de Laura Devetach, y que estoy seguro de que ustedes también lo disfrutarán mucho.
 
 

Gracias, Laura, por esta y por todas tus obras. Gracias siempre por compartir con nosotros el camino largo de tus palabras, una parte de tu vida como ese bosque oscuro pero amable, la choza de madera de tu poesía a la que llegamos sin saber qué va a ser de nosotros, pero igual abriremos esa puerta a lo salvaje y a lo escondidamente tierno cuando suene, para bien o para mal, la hora del lobo.