El 22 de julio de 2026, en el Museo de Antropología de la Ciudad de Córdoba, se presentó el libro Distancias íntimas. Escuchar, leer, escribir y otras errancias, de Claudia Huergo.
Claudia Huergo, nació en Villa Dolores, Córdoba. Es Psicóloga y docente en la Cátedra de Psicoanálisis Facultad de Psicología, UNC. Publicó los libros de poesía De tan delgada bruma (2022), La boca del monte (2020), Lobo alucina (2018) Sostener la piel (2015), y el libro de cuentos Todo lo que tapamos con un cuerpo (2025). Integra la Compañía poético musical Les amorosos y el Grupo de estudios Emosido engañado. Programó el ciclo de cine: Raros somos todos, lo humano es raro. Dictó seminarios y talleres de lectura que investigan el cruce entre literatura y psicoanálisis.
Acompañaron a la autora, Laura Escudero Tobler, directora de la nueva colección Materia vibrante, de ensayos híbridos ( escritora, psicóloga, miembro de CEDILIJ, directora de la colección Materia vibrante), Susana Allori (Licenciada en Letras, docente en la Universidad Nacional de La Pampa, miembro de CEDILIJ, formadora de mediadores de lectura), Eduardo Mattio (Doctor y Licenciado en Filosofía UNC, profesor adjunto de Ética y de Metodología de la investigación en la Escuela de Filosofía y miembro del Comité Académico del Doctorado en Estudios de Género del Centro de Estudios Avanzados, Facultad de Ciencias Sociales, UNC), y Alejandra Correa (poeta, editora de La gran Nilson, artista visual y gestora cultural).

La colección Materia vibrante aborda el ensayo como creación, exploración y descubrimiento en libros que abordan el lazo versátil y activo entre escritura, lectura y pensamiento. La propuesta es la configuración de un catálogo compuesto por obras que estimulan conexiones vibrantes, libros mestizos que se atreven a contaminar campos teóricos con teorías de otros campos. Libros en los bordes. Ensayos con lugar para la poesía, el humor, la crónica, libros que proponen traspasar las fronteras de lo pensable, abrir senderos inusuales y provisorios en la intrincada selva de las narrativas que nos componen.
Este fue el texto que leyó Eduardo Mattio en la presentación del libro:
"¿Qué quiere Claudia Huergo con Distancias íntimas? ¿Qué se propone con este conjunto de ensayos? ¿Qué hace con ellos? Estrictamente hablando entiendo que el texto no hace nada, que no se propone finalidad alguna, que querer, no quiere nada. Si cabe decirlo así, Distancias íntimas tiene la decencia inusual de ser un texto inútil —y lo subrayo—; es un ejercicio de escritura improductivo, aunque no banal. A riesgo de sonar contradictorio, podría decir que “haciendo nada”, la escritura de Claudia “hace otra cosa”. ¿Me hago entender si digo que su escritura nos conmueve? Pero no porque nos emocione en el sentido más menguado que uds. puedan imaginar, sino porque desestabiliza piadosamente, como quién no quiere la cosa, las estructuras del sentimiento que hoy se empeñan en lastimarnos. Cuando tengan la fortuna de leerlo, verán que Distancias íntimas producirá en uds. una saludable inquietud. Entre otras cosas, porque no procura cambiar nada en sus lectores, al menos no bajo la forma de un recetario de autoayuda que faciliten que unx haga algo con unx. No busca enseñar nada, no nos arrastra con ninguna certeza a algún sitio claro y distinto: entre otras razones, porque su autora ha entendido que el logos se entrevera desde el inicio con alguna forma de eros. En esa erótica extática que se ensaya en la escucha, en la lectura y en la escritura, se amasa otro logos —sugiere Claudia—, otro horizonte de sentido posible y por ello, otra distribución de lo sensible y de lo posible. En estos tiempos libertarios en que la destrucción y la distracción nos tienen a mal traer, Distancias íntimas borronea otro centro.

De tal suerte, creo que acierto si digo que la escritura de Claudia no nos facilita nada. Comparte sí, generosamente, algo de lo que ha leído y escuchado. Porque se ha dejado perder por lo leído y escuchado, la autora registra en la escritura ese vagabundeo que no va a ninguna parte, pero que insiste en no tener nada mejor que hacer que vivir. Por esa suerte de telepatía que distancia la intimidad o que intima a la distancia, su escritura (y en ella, su lectura y su escucha) reverbera de algún modo en cada unx de nosotrxs: porque la autora tiene claro que la gente hace algo con lo que lee/escucha, incluso ignorar/desoír. En el libro escribir, leer y escuchar, como ella misma dice, son tres operaciones vinculadas en una intimidad distante. Es decir, la autora es baqueana en ciertas formas de saludable extravío: ha aprendido no sin dificultades la labor de salvar cierta brecha difícil entre escuchas que no son audibles, lecturas que no arrojan legibilidad y escrituras que traducen/traicionan como mejor pueden lo leído y escuchado. Así es que Distancias íntimas ensaya para errar, cifrando cualquier acierto incierto en hilvanar palabras por puro ánimo de errancia.

Decía que desde la primera lectura el libro me produjo una rara incertidumbre, su escritura me colocó en esas zonas de incomodidad que la autora reconoce tan bien en otras escrituras. Mientras leía, al terminar de leer, sentí la sensación de haber estado haciendo algo que ya no hago cuando leo. Le decía a mi analista, que el texto me hizo saber algo amargo y dulce a la vez: caigo en la cuenta de que habitualmente leo para dar alguna clase, para saber o informarme acerca de algo, para escribir luego tal o cual cosa. ¿Se puede decir que leo mayormente” a demanda”? Leo para preparar algo, para conseguir algo, para producir algo con eso. La lectura de Distancias íntimas, sin embargo, activa otra cosa: nos desorienta amablemente, nos toca —”me tocó”, le decía a Claudia—, para convidar alguna otra posible reubicación, para sugerir alguna otra forma de estar-en-el-mundo, si se quiere anacrónica, donde leer (o escuchar o escribir) no se circunscribe a los protocolos que garantizan la prosperidad de los marcos de inteligibilidad ya recorridos, donde afortunadamente se vuelven obsoletos los laureles que supimos conseguir. El texto no recomienda ni garantiza que sepamos algo de antemano vinculado con el vivir-con-otrxs; nos va aproximando a otro territorio por explorar: lo que se llega a saber. En ese animarse a no saber, en ese abrirse a lo indeterminado, en ese punto de partida falible que ahuyenta cualquier forma de ilustración —la claras y las oscuras—, se ensaya aquella minoría de edad —olvidada o denostada— en la que acontecen intensidades otras. Por eso se puede aplicar a estos ensayos lo que otras escrituras hacen a la autora: “son un fogonazo sobre el misterio. …hacen del mundo una zona más indiscernible. …reponen la opacidad necesaria a la materia de nuestros recuerdos” (p. 60) —señala Claudia.

Pienso, por ejemplo, en sus consideraciones acerca de los guiones afectivos que reciben los cuerpos generizados. Esos papeles que escribe dios, la naturaleza o vaya a saber quién, que unx actúa a los ponchazos y que imponen alguna suerte de progresión sentimental. A esos guiones prefabricados, con inicios y desenlaces diseñados de antemano y que nos sujetan de un modo cruelmente optimista a una temporalidad heterolineal, Distancias íntimas les hace algo. O mejor no les hace algo, porque los abandona a su suerte: los revela forzados, y de última ineficaces, pero no porque argumente en ese sentido. Claudia solo lo dice como al pasar, remitiéndonos a algo que escuchó o leyó —en sí o en otrxs—, a algo que encontró en la fábrica de los sueños, como quien comparte esos rumores eficaces en plantar una duda que lo cambia todo. A esas formas de agencia afectiva onerosas, a esos patrones que no podemos no querer, a esas configuraciones afectivas dominantes que si son obedecidas dañan y que si son desobedecidas dañan también, a esas articulaciones de sentido el libro las hace visibles con modestia, desde sus hilvanes, pero confiando en que no son modelos invariables de ser en el mundo: la escucha atenta revela que son artificios infundados, que son mascaradas eficaces pero contingentes, que se han vuelto inoperantes a fuerza de relatos. En ese lugar, Claudia pone la necesidad de otras narraciones: como Donna Haraway, la autora de Distancias íntimas confía en el hallazgo de otras fabulaciones especulativas que nos ayuden a vivir y a morir con respons-habilidad en una tierra dañada. En su libro importan qué historias cuentan historias, qué narraciones escuchamos, leemos, escribimos. En esa atención se cifra alguna otra cosa.

Porque Distancias íntimas también es una invitación a cuidar de otra temporalidad. Contra cualquier presunción de ubicuidad, de no perderse nada, de estar al tanto de todo o casi todo —hoy una colega de una defensa de tesis comentaba que sus estudiantes de comunicación miraban las series en 1,5 para agilizar el visionado y para no perderse de aquello que está en agenda comentar—, frente al fatídico imperativo de estar en todo a como dé lugar, Claudia apuesta a otras experimentaciones de localización, propone otra rutina para la fragmentación de la atención. Encuentra en algunos relatos otros ejercicios de presencia, en los que se reemplaza el estar más preparados por el estar más presentes, en los que se resigna la aburrida anticipación de lo Mismo para aceptar la novedad inquietante de lo que pueda venir. Tanto se declama hoy acerca de los cuidados —quizá porque es lo que menos abunda—, que no se repara en ese lugar innoble, precario, efímero a donde acontece lo que resguarda y lo que expone a la vez. En esta temporada de monstruos —los que ya conocemos, los propios, los que no alcanzamos a imaginar—, en esta tierra entregada a las más atávicas pasiones, Distancias íntimas no asegura ninguna distancia de rescate que nos libre de los depredadores, pero imagina escenas en las que el recuerdo moroso de los muertos, en las que la escucha cuidadosa de los vivos, en las que la involuntaria pericia para ayudar a otros a parirse, nos devela, como asegura Ann Cvetkovich, “los sentimientos sordos de simplemente ir tirando”.
A los lujos hay que dárselos en vida: entréguense al hechizo poderoso que el libro de Claudia les puede propinar. ¡Lean, por favor, Distancias íntimas! ¡Muchas gracias!"
El libro está disponible en nuestra tienda online.
